floto a la deriva sobre mi herida
esta laxitud de muerte cautelar
suspenso en una marea solar.
los troncos del manglar
me miran de pasada
hundidos por el calor.
un millón de abejas, indivisible,
zumbando latente a ras de suelo
entre lagos de aire brillante, atrapado.
músculos vestidos de negro
cumplen el luto del mediodia
en las sombras entre ramas.
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