jueves, 22 de abril de 2010

Calavera en el punto medio de mi cadera


Cuidado con el desplegar de sus alas.
Ángel usurpador de mis bajos fondos.


Frente a frente
tus ojos, con mi boca;
ella en contra.

Vas a bajar
hasta romperte entre mis suelos
cuando los pise poderosamente
con profiláctico disfraz
madeof nodebieras.
Pero ese peso,
el de tu ego,
fuego, cenizas. Luego.
Tu primer destino es mi cadera,
¿recuerdas?
Baja,
con sometimiento incuestionado.
Inflexiona tus rodillas,
quiero verte rígido
a su encuentro
temblando sin titubeos
dentro de la piel
que te conforma.
Por una vez
sabrás, dónde se termina:
dentro -en la ruta absoluta-.
Usted está aquí,
miras en el mapa desleído el aspa perdido.
Pero ese no es tu destino,
sigue bajando,
hasta encontrarte como ante un espejo,
los huesos armados de otra calavera
-pero soberana-.
Lame el escalofrío
que desciende mi cremallera.
La sumisión será petición suficiente,
y el permiso, tu calibre no medido.
Te comes el como,
y las alas reflejadas
-ahora sí- son las tuyas desplegadas.

Frente a frente,
mi ojo, tus bocas;
nadie en contra.


Con discreción has replegado tus alas.
Ángel custodiador de mis bajos fondos.

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