domingo, 4 de abril de 2010

Ignición

Vivís en una antesala permanente
de ilusiones caducas.
La intoxicación endémica
os proporciona el sustento
en un circuito continuo,
retroalimentado.
Su suelo en combustión
os quema,
sin concederos las cenizas.
Arrojáis las colillas inútiles
esperando abrir trampillas
-de recorridos circulares
que atraviesan
el contexto, por fuera-,
por las que caer para volver
con todo resuelto,
con todas las ganas
creadas y entregadas.
Lo siento,
pero nunca encajarán.
Las apago
una a una
-en realidad, únicamente esclarezco-,
soltando la goma
de vuestras máscaras de anestesia.
Hoy, como hace años,
sólo llegáis al armario
del tabaco mascable de papá.
Condena eterna
a masticar, sin tragar
-es duro, pero tienes otra opción-.
El cansancio me apaga
poco a poco;
la pereza me apate.
Y el cirujano no aparece,
porque nunca va a operarte.


Y cuando crees que ya no tienes fuerzas
para cavar el foso,
el instante, lo entierra sólo.

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