¿Y si al acabar las guerras
tuvieran que pedir todos perdón
antes de volver a casa,
casa por casa,
cadáver por cadáver,
avergonzados,
prometiendo no volverlo a hacer,
realmente arrependidos,
aprendida la lección,
más compungidos de lo necesario,
palmeados en la espalda por la víctimas,
"no se preocupe usted",
"ya se sabe la juventud fogosa",
"vuelva alguna vez a visitarnos,
pero sin matar a nadie", guiño, guiño,
más rojos todavía,
empezando a sentirse ridículos?
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