Tiembla el bello cadáver
enterrado en el fondo de armario.
Tiembla como un baile
en unas manos pintadas de henna
con las ráfagas de luz o aire;
fuera--mira--fuera
con sus manos de caballo árabe
relampagueando un hechizo
sobre el grueso polvo.
Las polillas son balas,
las velas siguen dispuestas
sobre la mesa;
por encima de la comida
ha pasado la segadora,
que vestida de metre dice:
sal a jugar...
pero ni miedo das
solo extrañeza,
monstruo, ya, del armario
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