viernes, 12 de febrero de 2010

122.

arde como la tarde en el arcén
como llamas en la piel
por el calor furtivo
de saberse latiendo al margen

yo era pero ya no soy,
y en la espera sólo sombra,
sangre, movida por sed,
hambre, brasas contra la carne.

y latidos gélidos al otro lado del meridiano
sudor tan frío que parece de segunda mano
una vez más agotado otro verano
sólo avanzo para mirar atrás en vano

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