Atado al sueño como lastre
arrastrado a las profundidades de lo interior
la onírica, la inconsciencia, la neblina,
me desvisten por dentro las tres.
la cabeza llena de algodones
empapados en disolvente
y la realidad levanta la alfombra,
lentamente...
entro a ese teatro vaciado
veo con los ojos cerrados
una parábola, una broma, una parsimonia
que domina y demoniza la memoria
si vuelvo en mi queda el ahora quedo
que humo de cieno emponzoña
la verdad terminada en un punto ciego
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