miércoles, 24 de febrero de 2010

Un tregua al estómago

Me fascinaba aquella persona que no paraba de hablar. Es curioso, pero era como si yo entendiese todo lo que decía. Hablaba, hablaba y hablaba. Y yo, en mi cabeza, no paraba de entenderle.

Aquel veinte de abril, Dani, muy interesado en conocer a aquel personaje, que no sólo hablaba mucho (eso no sería tan meritorio para según qué persona), sino que además (por lo que me había escuchado reiterar tantas veces) decía cosas con cada palabra, se presentó:

- Hola, yo soy Dani, ¿cuál es tu nombre?

Dani aún no sabe como se llama este tipo. Y es que resulta que este hombre ruidoso de mucho hablar, lo único que hacía, era repetir: "Voy a darle una tregua al estómago", con la boca, siempre llena.

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